miércoles, 17 de diciembre de 2014

Bienvenidos los 5 héroes del pueblo cubano

Escribo esto cuando aún no se ha dado la noticia, aunque disciplinadamente esperaré la anunciación para publicarlo. Es evidente que los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, en una acción conjunta sin precedentes en más de medio siglo, han conseguido ponerse de acuerdo en aspectos sustanciales del diferendo que nos separa, lo que hace posible un intercambio de prisioneros que sin dudas deberá abrir puertas a muchas otras cosas.

Voto porque esta actitud de diálogo continúe de ambas partes, para que podamos vivir en paz como los vecinos que somos, y que siempre pesen más el respeto mutuo y las admiraciones de pueblo a pueblo, que las diferencias que sin dudas también tenemos.

Un día feliz ha llegado.

Bienvenidos Gerardo, Ramón y Tony, a esta patria que les espera agradecida, con millones de abrazos.

¡Vivan nuestros 5 héroes!

¡Vivan Fidel y Raúl!

¡Viva Cuba libre!

domingo, 14 de diciembre de 2014

Y váyase la USAID...

Las revelaciones de AP sobre el insistente programa de la USAID contra Cuba están llenas de anécdotas, pero sobre todo dejan una clara enseñanza de manipulación e injerencia. También abren incógnitas. Pero la vida enseña que todo no se puede saber en un día.

En la entrevista con la AP le comenté a los periodistas que las operaciones encubiertas eran una práctica demasiado antigua para que desaparecieran. Lo dije recordando que el finlandés Mika Waltari, en una de mis novelas favoritas, contaba que en la era de los faraones el médico Sinuhé fue enviado, si mal no recuerdo, a Siria, para indagar sobre los jefes de aquel país, sus armas y las características de sus carros de guerra. Como fue una lectura de adolescencia, no me extrañó lo que después contaron Graham Greene y John Le Carré. También por eso reí cuando supe que “servicios especiales” habían pinchado el teléfono de Angela Merkel, quien seguramente protestó por política y no porque le sorprendiera.

Es una verdad histórica que cada parte cuenta lo que cree, como también que se suele contar hasta donde conviene. El mundo es tan alucinante que puede haber hasta quien cuente por dinero. Pero existe un mito absurdo sobre eso, porque más determinante que el dinero es lo que se piensa.

Las truculencias reveladas por la AP parecen haber comenzado entre 4 y 6 años atrás, con el Concierto por La Paz organizado por Juanes en La Habana. De aquello recuerdo el impulso que en todo momento tratábamos de darle Amaury Pérez y yo, pensando en lo bueno que sería para la causa de Cuba, a pesar de que algunos parecían tomar más en cuenta las intenciones enemigas. A la luz de estas revelaciones pudiera parecer que los más desconfiados tenían la razón y que los que defendíamos el concierto éramos ingenuos… Pero lo cierto es que estábamos convencidos de que, fueran cuales fueran los manejos foráneos, el pueblo cubano iba a dar la respuesta de altura y solidez que dio.

La forma injusta de algunos titulares sobre los raperos manipulados por la USAID me remontaron a mi mismo, hace muchos años. Volví hasta la primera vez que supe que mi nombre había sido pronunciado por Fidel. Esto ocurrió unos días antes del Congreso de Educación y Cultura de 1968, en unas reuniones de alto nivel que fueron conocidas como “el congresillo”. Participaron altos dirigentes de la Dirección Revolucionaria, del Consejo Nacional de Cultura, el ICAIC, Casa de las Américas, la UJC, el PCC y otros organismos. También estuvo presente el por entonces director del Archivo Nacional de Cuba y del Instituto de Historia, Julio Le Riverend, a quien tuve el honor de conocer.

En aquellas citas se discutieron diferencias entre organismos culturales y se trató de unificar criterios, de cara al Congreso que venía. Entre los muchos asuntos tratados estuvo mi "caso”. Fue entonces cuando Fidel reprobó que se me hubiera marginado del medio donde trabajaba. Al menos dos personas de las presentes me contaron exactamente lo mismo, a varios años de distancia. El argumento del Jefe de la Revolución era que si un creador merecía ser sancionado, el correctivo no debía separarlo de su razón de ser.

No dudo de que a partir de aquel pronunciamiento empezara a germinar, en Haydeé Santamaría y en Alfredo Guevara, la idea que un año más tarde se convirtió en Grupo de Experimentación Sonora.

Pienso que a lo mejor este recuerdo explica por qué ante una calificación o sanción desmedida he saltado en defensa de un artista. ¿En nombre de qué se puede privar a un creador de su razón de ser? ¿Qué tipo de falta puede hacer que un artista merezca tal mutilación? Y asimismo: ¿Merece ser automáticamente desacreditado el que no piense como uno?

Tanto Aldo, amigo de mi hijo, como Silvio Liam, que cree en mi como yo en él, son espíritus rebeldes, sin posesiones materiales. Salieron de Cuba, como decimos aquí, “con una mano alante y la otra atrás”: ricos apenas de sus sueños, arropados por aplausos de muchachos más bien incomprendidos, a menudo abusados, hijos de desamparos e intemperies.

Ellos saben que en muchas cosas no pienso como ellos, aunque me empeñe en defender su derecho a pensar y a cantar como escojan. Como padre, y también como artista, espero que aprendan de lo que les sucede y que les aproveche, muy convencido de que “ser culto es el único modo de ser libre”.

Y váyase la USAID para el carajo.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Hombre de campo

                                   José Martí Pérez
Hombre del campo:
No vayas a enseñar este libro al cura de tu pueblo; porque a él le interesa mantenerte en la oscuridad; para que todo tengas que ir a preguntárselo a él.
Y como él te cobra por echar agua en la cabeza de tu hijo, por decir que eres el marido de tu mujer, cosa que ya tú sabes desde que la quieres y te quiere ella; como él te cobra por nacer; por darte la unción, por casarte, por rogar por tu alma, por morir; como te niega hasta el derecho de sepultura si no le das dinero por él, él no querrá nunca que tú sepas que todo eso que has hecho hasta aquí es innecesario, porque ese día dejará él de cobrar dinero por todo eso.
Y como es una injusticia que se explote así tu ignorancia, yo, que no te cobro nada por mi libro, quiero, hombre del campo, hablar contigo para decirte la verdad. No te exijo que creas como yo creo. Lee lo que digo, y créelo si te parece justo. El primer deber de un hombre es pensar por sí mismo. Por eso no quiero que quieras al cura; porque él no te deja pensar.
Vamos, pues, buen campesino: reúne a tu mujer y a tus hijos, y léeles despacio y claro, y muchas veces, lo que aquí digo de buena voluntad. ¿Para qué llevas a bautizar a tu hijo? Tú me respondes: "Para que sea cristiano." Cristiano quiere decir semejante a Cristo. Yo te voy a decir quién fue Cristo.
Fue un hombre sumamente pobre, que quería que los hombres se quisiesen entre sí, que el que tuviera ayudara al que no tuviera, que los hijos respetasen a los padres, siempre que los padres cuidasen de los hijos; que cada uno trabajase, porque nadie tiene derecho a lo que no trabaja; que se hiciese bien a todo el mundo y que no se quisiera mal a nadie.
Cristo estaba lleno de amor para los hombres. Y como él venia a decir a los esclavos que no debían ser más que esclavos de Dios, y como los pueblos le tomaron un gran cariño, y por donde iba diciendo estas cosa, se iban tras él, los déspotas que gobernaban entonces le tuvieron miedo y lo hicieron morir en una cruz. —De manera, buen campesino, que el acto de bautizar a tu hijo quiere decir tu voluntad de hacerlo semejante a aquel grande hombre.
Es claro que tú has de querer que él lo sea, porque Cristo fue un hombre admirable. Pero dime, amigo, ¿se consigue todo eso con que echen agua en la cabeza de tu hijo? Si se consiguiera todo eso con ese poco de agua, todos los que se han bautizado serian buenos. Tú ves que no lo son.
Además de esto, aunque esa virtud del agua fuese verdad ¿por qué confías a manos extrañas la cabeza de tu hijo? ¿Por qué no le echas el agua tú mismo? ¿El agua que eche en la cabeza de su hijo un hombre honrado, será peor que la que eche un casi siempre vicioso que te obliga a ti a tener mujer, teniendo él querida, que quiere que tus hijos sean legítimos teniéndolos él naturales, que te dice que debes dar tu nombre a tus hijos y no da él su nombre a los suyos?
No haces bien si crees que un hombre semejante es superior a ti. El hombre que vale más no es el que sabe más latín, ni el que tiene una coronilla en la cabeza. Porque si un ladrón se hace coronilla, vale siempre menos que un hombre honrado que no se la haga. El que vale más es el más honrado, luego la coronilla no da valor ninguno. 
El que más trabaja es el que es menos vicioso, el que vive amorosamente con su mujer y con sus hijos. Porque un hombre no es una bestia hecha para gozar como el toro y el cerdo; sino una criatura de naturaleza superior, que si no cultiva la tierra, ama a su esposa y educa a sus hijuelos, volverá a vivir indudablemente como el cerdo y como el toro.

Aunque tú seas un criminal, cuando tienes un hijo te haces bueno. Por él te arrepientes; por él sientes haber sido malo; por él te prometes a ti mismo seguir siendo hombre honrado: ¿no te acuerdas de lo que sucedió a tu alma cuando tuviste el primer hijo? Estabas muy contento; entrabas y salías precipitadamente; temblabas por la vida de tu mujer; hablabas poco, porque no te han enseñado a hablar mucho y es necesario que aprendas; pero, te morías de alegría y de angustia. —Y cuando lo viste salir vivo del seno de su madre; sentiste que se te llenaban de lágrimas los ojos, abrazaste a tu mujer, y te creíste por algunos instantes claro como un sol y fuerte como un muro. Un hijo es el mejor premio que un hombre puede recibir sobre la tierra.

Dime, amigo: ¿un cura puede querer a tu hijo más que tú? ¿Por qué lo ha de querer más que tú? Si alguien ha de desearle bien al hijo de tu sangre y de tu amor ¿quién se lo deseará mejor que tú? ¿Si el bautismo no quiere decir más que tu deseo de que tu hijo se parezca a Cristo, para esto has de exponerlo a una enfermedad, robándolo algunas horas de su madre, montar a caballo y llevarlo a que lo bendiga un hombre extraño? Bendícelo tú, que lo harás mejor que él, puesto que lo quieres más que él. Dale un beso y abrázalo. Un beso fuerte: un abrazo fuerte. Y ese es el bautismo. —El cura dice también que te lo bautiza para que entre en el reino de los cielos. Pero el bautiza al recién nacido si le pagas dinero, o granos, o huevos, o animales: si no le pagas, si no le regalas, no te lo bautiza. De manera que ese reino de los cielos de que él te habla vale unos cuantos reales, o granos, o huevos, o palomas.

¿Qué necesidad hay, ni qué interés puedes tú tener en que tu hijo entre en un reino semejante? ¿Qué juicio debes de formar de un hombre que dice que te va hacer un gran bien, que lo tiene en su mano, que sin él te condenas, que de él depende tu salvación, y por unas monedas de plata te niega ese inmenso beneficio? ¿No es ese hombre un malvado, un egoísta, un avaricioso? ¿Qué idea te haces de Dios, si fuera Dios de veras quien enviase semejantes mensajeros? 

Ese dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que manda las gentes al infierno si no le pagan y si le pagan las manda al cielo, ese dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero.

¡No, amigo mío, hay otro Dios!

martes, 9 de diciembre de 2014

2014, año devastador para 15 millones de niños, según UNICEF

     El año 2014 ha sido “devastador” para unos 15 millones de niños ensartados en conflictos en la República Centroafricana, Irak, Sudán del Sur, los territorios palestinos, Siria y Ucrania, informó este lunes el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

“Los niños han sido asesinados mientras estudiaban en la escuela o dormían en sus camas. Han quedado huérfanos, fueron secuestrados, torturados, reclutados como soldados, violados o incluso vendidos como esclavos”, enumeró el director de Unicef, Anthony Lake.

“Nunca, en la memoria reciente, tantos niños habían sido sometidos a tal brutalidad indescriptible”, afirmó.

A escala global, unos 230 millones de niños viven en países y áreas con conflictos violentos, mientras 15 millones fueron víctimas directas de los combates.

Más de 7 millones 300 mil niños fueron afectados por el conflicto armado en Siria, de los cuales un millón 700 mil son refugiados en países vecinos.

En el vecino Irak, unos 2 millones 700 mil niños fueron afectados por el conflicto y al menos 700 habrían muerto o resultado mutilados este año.

“En ambos países, los niños han sido víctimas, testigos y hasta autores de una violencia cada vez más creciente y extrema”, mencionó Unicef.

En Sudán del Sur murieron 600 menores y más de 200 resultaron mutilados en la guerra civil que estalló hace un año y que también ha desplazado a unos 750 mil pequeños; aproximadamente 12 mil son utilizados por grupos armados.

Unicef estima en más de 10 mil los niños soldados reclutados en 2014 por grupos armados de la República Centroafricana y destaca que los centros escolares y de salud son blanco de ataques cada vez más frecuentes, como en Siria.

En la franja de Gaza, durante los 50 días de ataques israelíes por el conflicto en julio y agosto pasados, fallecieron 538 niños y 54 mil siguen sin hogar.

“La violencia y el trauma no sólo dañan a los niños, también socavan la fortaleza de las sociedades”, puntualizó Lake.

El informe de Unicef recuerda además los efectos trágicos de guerras olvidadas como las que prosiguen en Afganistán, el este de la República Democrática del Congo, Somalia, norte de Nigeria o Yemen.

     Las agencias humanitarias de la Organización de Naciones Unidas solicitaron más de 16 mil millones de dólares para poder brindar asistencia el próximo año a 7 millones y medio de personas en situación de vulnerabilidad.

Fuente:  Periódico La Jornada, Martes 9 de diciembre de 2014, p. 25

jueves, 4 de diciembre de 2014

Cuba y la contrarrevolución hecha jirones

Por José Steinsleger

De Martí a Fidel, del Moncada a Cuito Canavale, de Sierra Maestra a Playa Girón y aquel obligado “socialismo de guerra” para conjurar la invasión, los tiempos heroicos de Cuba pasaron, y hoy emprende los nuevos caminos que le garanticen patria con independencia, justicia y más revolución.

Desde 1959, oigo que en Cuba hay dificultades. Que no hay… ¡uf! Nunca faltó en Cuba de lo necesario y siempre hubo más de lo que sobraba. ¿Que si la bloguera Yoanni Sánchez y sus hijos pasan hambre? Mayor razón aún para protestar, pues resulta injusto que a la señora no le alcancen los 10 mil dólares mensuales que recibe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y El País de Madrid.

Con lo que, científicamente, quedó probado que la vida en Cuba está carísima. Pero a ver… ¿cómo se miden las cosas? ¿Por las opciones prácticas que a veces no encajan con la teoría del socialismo, o por logros y conquistas que tampoco encajan con la teoría y práctica de sus enemigos?

Cosas en las que nadie duda ya. Bueno… nadie, con excepción de los chulos, mariachis y otras franquicias de la CIA que en México y España le hacen coro al marqués Mario Vargas Llosa y al beato Carlos Alberto Montaner, paladín del capitalismo eugenésico.

Hace unos años, siendo senador, el secretario de Estado John Kerry manifestó sus temores de que los fondos girados por el Departamento de Estado a la Usaid para impulsar la “democracia” y la “libertad” en Cuba tenían otros destinos. La olla se destapó, y de ella emanaron los fétidos vapores de lo que siempre fue negocio, “industria”, y sostén de aventureros, vividores y mafiosos.

Tomemos el patético caso de Alan Gross, mercen… perdón, contratista de la Usaid, y la insólita seguidilla de editoriales del New York Times ( NYT) planteando la necesidad de normalizar las relaciones con Cuba y reconociendo que Gross, fingiendo ser turista, viajó en 2009 cinco veces a La Habana, transportando furtivamente equipos de comunicación.

Detenido y condenado a 15 años de prisión, Gross envió al presidente Obama una carta pidiendo por su liberación, en la que dice: “Con el mayor respeto, señor presidente… temo que mi gobierno, el mismo gobierno al que yo servía… me ha abandonado”.

En realidad, Gross era un eslabón más de las docenas de organizaciones que en los pasados 15 años recibieron fondos de la Usaid para “estimular la democracia en Cuba”. Programas, viajeros, tuiteros interesados en fomentar falsos flujos de información, para los que se distribuían equipos con instrucciones precisas (memorias flash, devedés, smart phones, etcétera).

El investigador Trace Eaton, ex corresponsal de The Dallas Morning News en México Distrito Federal, y creador del blog Cuba Money Proyect, con sede en Miami, elaboró una lista parcial de aquellas organizaciones: Creative Associates (7 millones de dólares, md), ECHO Cuba (1 md), Fundación para los Derechos Humanos (3.4 md), Grupo de Apoyo a la Democracia (1.5 md), International Relief and Development (3.5 md), International Republic Institute (3.5 md), National Democratic Institute (2.3 md), Pan American Development Foundation (3.9 md), Loyola University (3 md), Freedom House, etcétera.

Con sus matices, todas buscan lo mismo: manipular, tergiversar, subvertir, cooptar, interferir en el proceso político cubano. Me detengo, entonces, en la que llamó mi atención, y de la que hasta hoy tenía buenas referencias: la prestigiada congregación de maestros laicos (los “hermanos lasallanos”), fundada a finales del siglo XVII por Juan Bautista La Salle (1651-1719), y que hoy cuenta con 5 mil maestros y cerca de un millón de alumnos en 85 países.

Al parecer, el proyecto Educación Lasallista para la participación en Cuba (2013) fue elaborado en la isla y su objetivo se dirige a 14 comunidades cristianas en barrios marginados de Santiago de Cuba, apuntando al “crecimiento pacífico de la sociedad civil en la isla, poniendo las bases para una transición pacífica hacia la democracia”.

Sigue: “El modelo educativo cubano en la práctica es ‘conductista’ (sic) y no ayuda a forjar personalidades bien definidas, con pensamiento propio, altos niveles de autoestima y grandes deseos de transformaciones sociales que permitan a la población construir proyectos de vida satisfactorios”. Perdón… ¿conoce usted algún cubano sin “alto nivel” de autoestima?

Los contenidos de los cursos dirigidos a niños, jóvenes y adultos ofenden el prestigio académico de las escuelas lasallanas. Pura basura seudoterapéutica, tomada de libros adquiridos en mesas de saldos: “yo soy yo”, “de qué soy capaz”, “la cultura es la paz”, “cómo hacer amigos”, “derecho a expresar sentimientos”, “el amor humano”, “llamados a la felicidad”, etcétera.

El programa de los “hermanos lasallanos” parece responder a objetivos que contradicen los místicos y asépticos recursos pedagógicos del Señor: “cambio pacífico a mediano y corto plazo del modelo socio-político-económico que impera en la isla” (sic), y “alternativa educativa distinta a las propuestas del Estado, que tienen una gran carga de adoctrinamiento...” En fin… ¡de pinga!

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/12/03/opinion/026a1pol

domingo, 30 de noviembre de 2014

Leer que Cuba gana

No es un tema en el que soy muy ducho. Cuando me preguntaban si practicaba algún deporte, siempre usaba la broma de decir que sí, que el jaibol. Pero también es cierto que toda la vida he nadado, cuando he tenido tiempo y dónde; y que he sido un apasionado del submarinismo, a pesar de lo poco que he podido. En cierta época, cuando lo descubrí, practiqué alguito de karate; paré porque me botaron del tatami, pero me vino bien porque las manos empezaban a deformárseme. Mucho antes, en el semanario Mella, fui fan del ping-pong; me invitaba la mesa del patio y sobre todo tener adversarios como Victoriano de las Causas (conocido por entonces como Víctor Casaus), Sixto Quintela y Pedro Rodríguez García (Peroga), magnífico fotógrafo de mi pueblo.

He estado en el Latinoamericano, no sólo cantando, siendo parte de su trueno. He sido partícula de emoción colectiva en algún juego Cuba - Estados Unidos. Y también he sudado en el Guillermón Moncada, en Santiago de Cuba, cuando a los que participábamos en los festivales de la trova nos alojaban en unas naves que colindaban con el estadio.

Pero sobre todo he tenido el altísimo honor de que inmortales del deporte me hayan llamado amigo, como fue el caso del gigante Teófilo Stevenson, a quien conocí hace siglos en Caracas; o que Ana Fidelia Quirós me haya dado un beso por alguna canción; o que María Caridad Colón, Javier Sotomayor, Alberto Juantorena, Lázaro Vargas u Omar Linares me hayan estrechado la mano y sonreído.

Cuba siempre ha tenido glorias del deporte, pero a mi me tocó vivir en una Cuba que vio multiplicarse sus estrellas y que ha llegado a estar --y digan lo que digan se mantiene--, entre las potencias mundiales de esta hermosa actividad que hermana a los pueblos del planeta.

Todos los pueblos son capaces de grandezas, cuando estn﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽estrellas y que lleg un pueblo mbimos un pueblo capaz de hazañas, cosa mo quizltiplicarse las estrellas y que llegán unidos y apuntan bien. Qué acierto el de Martí cuando cantaba “Yo vengo de todas partes / y hacia todas partes voy...”, diversidad que las fiestas deportivas ilustran. 

Pero, como cubano que también soy, leer que Cuba gana me emociona. Es un sentimiento que convoca el deporte, el esfuerzo de cada uno de sus protagonistas y, por supuesto, lo que Cuba significa.  Porque Cuba no gana para ella sola. Por eso es justo que, aún en la espuma triunfal, nos miremos bien y nos deseemos lo mejor en todo lo demás, como merecen nuestro pueblo y todas esas partes de donde venimos y hacia donde vamos.

Gracias, al deporte cubano. Gracias a México, hermano entrañable de tantas historias cruzadas.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Los compromisos

Me digo comprometido 
totalmente y de una vez:
el tiempo me hala la manga, 
quiere que vaya con él.
Mi compromiso es sencillo, 
sólo hay dos formas de estar:
o bien cogiendo el martillo, 
o bien dejándose dar.

Juro que me comprometo 
con el mejor tirador,
siempre que tire sujeto 
firmemente al corazón.
Me declaro partidario 
de las campañas salobres,
mientras la miel sea un sudario 
que regalar a los pobres.

Desde que nací me han dado 
ciertas flores escondidas
entre los ramos de muerte: 
así me salió la vida.
¿A cuánta muerte tocará por flor?
¿A cuántas flores tocará por muerte?
Para no ir más lejos, a las dos
las pongo a hacer el amor.

Me incorporo a las legiones 
de quijotes que batallan
por hundir las religiones 
donde quiera que se hallan.
Soy militante del hombre 
y como tal me proyecto.
Sé que la vida se esconde 
en la apariencia de un muerto.

Si alguna vez se me busca, 
no me busquen en papeles,
no me busquen en canciones, 
no me busquen en  mujeres.
Busquen el hilo de un hombre 
y sigan sus laberintos
que, al final, sano y deforme, 
me tendrán en el instinto.

Desde que nací me han dado 
ciertas flores escondidas
entre los ramos de muerte: 
así me salió la vida.
¿A cuánta muerte tocará por flor?
¿A cuántas flores tocará por muerte?
Para no ir más lejos, a las dos
las pongo a hacer el amor.

(1971)

jueves, 20 de noviembre de 2014

Las dos industrias

Por Guillermo Rodríguez Rivera

Hace poco los lectores de los asuntos internacionales conocimos de la quiebra de la ciudad norteamericana de Detroit, donde los ingresos no bastaban para hacerle frente a los gastos de la ciudad que, de los casi dos millones de habitantes que tenía en 1960, ahora apenas anda cerca  del millón.

De los años cincuenta, yo, que era un niño entonces, recordaba el poderoso brazo de Al Kaline que tiraba desde el right field y enfrió a más de un enemigo de los guerreros Tigres, el apodo del equipo de béisbol de la ciudad.

Si uno repasaba el mapa de Michigan, el estado donde se situaba la gran ciudad, uno encontraba algún topónimo que le resultaba particularmente familiar, como Pontiac, el pueblo indígena del que tomó su nombre aquel automóvil, que era la joyita de la General Motors. Allí se había fundado la empresa en 1908, del mismo modo que allí habían surgido Ford y Chrysler.  Pero marcas universalmente conocidas como Oldsmobile y la propia Pontiac habían desaparecido, y a la Chrysler se la había tragado la Daimler alemana.

Ya la primacía en la producción y en la venta, que había sido privilegio norteamericano, había pasado a marcas de Asia y Europa, como Mercedes, Volkswagen y Toyota. Antes, Detroit vendía sus autos en todo el mundo, pero ya no tiene esa primacía ni en los propios Estados Unidos: la ciudad en quiebra que es Detroit perdió la delantera en las ganancias de esa industria que ella fundó y controló por muchos años.

Pero la República Popular China empezó a cobijar otras grandes industrias que años atrás estuvieron en los Estados Unidos, porque nacieron allí. Los operarios chinos cobran mucho menos que los estadounidenses y trabajan con una calidad semejante.

Los Estados Unidos tienen la deuda externa mayor de todo el mundo: consumen mucho más de lo que producen y no se sabe qué ocurrirá el día que sus acreedores les exijan que honren sus deudas.

De veras, a la gran nación del norte le van quedando apenas dos grandes industrias que son su refugio en estos duros tiempos y que se han convertido en fuente de preocupación y muchas veces de horror para el resto del mundo.

Una es la de la comunicación, lo mismo en su más directa variante, que es el periodismo, como en la mucho más sofisticada y atractiva que es la información, que asume las peculiaridades del arte.

Yo nací a la vida cultural en los tiempos dorados de lo que se llamó el “cine de autor”. Durante muchos años, el bloqueo económico, comercial y financiero que los Estados Unidos han mantenido contra Cuba, motivó que en los años sesenta nos llegara muy poco del cine norteamericano que antes proliferaba entre nosotros. Cuando llegaba, era indirectamente.

Los años sesenta cinematográficos en Cuba estuvieron marcados por grandes autores del mundo socialista (Mijail Kalatozov, Grigori Chujrai, Andrzej Wajda, Jerzy Kawalerowicz, Adrezej Munk, un Milos Forman y un Roman Polanski que todavía no habían emigrado a Hollywood) pero, además y sobre todo, por el contacto con Ingmar Bergman, Luis Buñuel, Alain Renais, Claude Chabrol, Louis Malle, François Truffaut, Akira Kurosawa, Joseph Losey, Michelangelo Antonioni, Pietro Germi, Bernardo Betolucci, Jean Luc Godard, Federico Fellini, Agnes Varda, Jacques Demy, Gillo Pontecorvo, Glauber Rocha, aunque no faltaron Orson Welles, Alfred Hitchcock, Billy Wilder y Francis Ford Coppola para entregarnos un riquísimo panorama del cine del mundo.

Uno queda abrumado al ver como ese cine de autor casi ha desaparecido para ser reemplazado por la seriada y comercial producción norteamericana que produce, en verdad, algunas obras de calidad, pero cuyo absoluto dominio es una difusión centrada en un entretenimiento banal, que empobrece pasmosamente el nivel general del cine que se ve hoy en todas partes.

El cine es una de las dos grandes industrias cuyos productos los Estados Unidos expanden por el mundo. La otra, la terrible, es la industria de la guerra.

Los Estados Unidos conformaron ese territorio que va de costa a costa de la América del Norte, arrancándoselo a sus indios, a los que confinaron a las llamadas “reservas” o a otros países como México, al que despojaron de más de la mitad de su territorio.

En los tiempos de esa expansión, casi sin orden y sin ley, se aprobó, en 1791, la Segunda Enmienda  a la Constitución, que da a todos los ciudadanos el derecho a poseer y a portar armas, casi sin limitaciones. 223 años después, esa enmienda sigue vigente: en una simple ferretería, un norteamericano puede comprar un fusil automático sin el menor tipo de indagación sobre quien es la persona que adquiere tal arma.

Desde momentos tan tempranos en la constitución de la nación, comenzó un auge de la industria militar que no ha cesado desde entonces. A la inversa, se ha acrecentado de modo tal que en 1960, en el discurso en que se despedía de la presidencia de su país, el prestigioso y conservador general Dwight D. Eisenhower advertía sobre el grave peligro que era, para la democracia norteamericana, el auge y el poder que había alcanzado lo que ya se conocía como el complejo militar industrial.

El Complejo iría acumulando un enorme poder procedente de sus fabulosas ganancias: llegaría a colocar a hombres clave en instituciones como el Pentágono o el State Department y sería un lógico promotor de todo tipo de armamentismo.

Lo que pudo haber sido una protección al ciudadano, en los tiempos de una expansión que generaba violencia, ha acabado por desproteger al estadounidense que para nada está a salvo de un psicópata o un irritado que se procure fácilmente un arma y salga a “cazar” a sus conciudadanos. Son muchas esas experiencias que han tronchado decenas de vidas en las escuelas de ese país.

Con el negocio y tráfico de armas se ha armado, por ejemplo, el poderoso mundo del narcotráfico mexicano, que tiene el poder de fuego de un ejército para enfrentar a las autoridades de su país.

Para vender las armas costosas, que son las más dañinas –los aviones bombarderos tripulados o sin tripular, los misiles, las minas– los fabricantes de armas tienen que procurar que se consuman y esas solo se consumen en las guerras.

Desde el llamado fin de la guerra fría, los Estados Unidos han convocado a numerosas guerras: la guerra del Golfo que libró Bush padre; la guerra de Kosovo, que llevó adelante el demócrata Clinton; la falaz guerra de Irak, apoyada en la mentira de las armas de destrucción masiva, convocada por  Bush hijo, que dejó un país destruido, dividido e ingobernable; la inacabable guerra de Afganistán, inaugurada también por Bush, el pequeño, y continuada por el Nobel de la Paz, organizada  para matar a un solo hombre que, al final, estaba en Pakistán; el oportunista bombardeo de Libia, llevado adelante para derrocar al gobierno de un país que hoy está anarquizado; la brutal guerra librada para derrocar al gobierno de Siria por unos mercenarios terroristas sostenidos por Occidente y sus aliados árabes, que no cumplieron su tarea y ahora van a ser combatidos por sus padres que, como de pasada, tratarán de acabar con el gobierno de Damasco.

En el mundo queda solo una agresiva alianza militar, la OTAN, que sueña el imposible sueño de gobernar el mundo.

Es muy difícil que los Estados Unidos puedan poner límites a una industria que casi sostiene una economía que se ha empobrecido en otras áreas.

Los Estados Unidos, acaso por sobrevalorar su potencia, que implica menospreciar la de los otros, ha caído en trampas que su confianza en la sola  fuerza no les ha permitido ver.

Las dos industrias son perfectas y complementarias: una mata y la otra incita a matar y después justifica las muertes.

Es, sin embargo, el despliegue de una voluntad errática, porque nadie domina el mundo. De una manera u otra, los magnates norteamericanos lo comprobarán: ojalá no sea al costo de mucha más sangre.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Volar sobre el río Arigüanabo

Por Homero Perdomo Betancourt

Faltarían años para que la coterránea y amiga Argelia, después del poético musical alumbramiento, hiciera que Silvio cantara: “Llegué por San Antonio de los Baños”. Le faltarían a ese “necio” cientos de sus poemas canciones para cabalgar urgente en su Unicornio Azul a su memorable Cita con Ángeles; para que el misterio de su poesía sin trampa acudiera en defensa de nuestro río Arigüanabo al cantar: “Anoche fue la orquesta a despedir el río, la fauna y la floresta del pueblecito mío…”

Por aquel tiempo arigüanabense, los dos enormes bosques que custodiaban al río conservaban gruesas lianas y fuertes bejucos, serpenteando entre viejos robles, cedros, caobas y yagrumas, reposando sobre un manto de zarzas, matojos y flores silvestres.

Mariposas, sinsontes, bijiritas, totíes y lechuzas entre otras especies autóctonas y exóticas. Lagartijas, majáes, jubos, iguanas, arácnidos.

Truchas, carpos, biajacas, jicoteas, catibos y guajacones fiestaban en sus aguas mansas, aún no contaminadas, moteadas por la malangueta y el lino. En ese ambiente de paz y ensueño se inspiraron poetas, enamorados y… locos.

¡Nadie! O casi nadie ofendía a nuestro río arrojándole deshechos; sólo las lluvias arrastraban hojas secas, gajos y pencas de guano que Pedro “Tiñosa” limpiaba permanentemente, como si el río fuera un parque más.

También por esa época apareció en el cine el primer justiciero volador que, al conjuro de la palabra Shazam, se convertía en el Capital Maravilla, volando sobre los rascacielos neoyorkinos, a la caza de malhechores. ¡Nunca escapaban!

Yo, que degustaba el ter año de mi adolescencia, quería ser como el Capitán. En las matinés domingueras, entre las dos películas proyectaban uno de los doce capítulos. No era Tom Tyler el protagonista; era yo mismo. después del último capítulo me fui del cine con el Capitan Maravilla incrustado en el mismo centro del cerebro, encaprichado en volar.

Iba por las calles como un sonámbulo y de pronto me vi ante la copuda ceiba sobre la Cueva del Sumidero donde las aguas, crecidas por las fuertes lluvias, se sumergían para corretear por otros lares, provocando un endiablado ruido al pasar por su garganta.

Me acerqué a la ceiba cautelosamente para no pisar una gallina prieta muerta, unos centavos esparcidos y un bultito con no sé qué, atado con una tira roja. Sobre un matojo, bien colocados un blúmer y calzoncillo como testimonio de un feliz combate en el que ambos contendientes se alzaron victoriosos.

Me subí a un muro en ruinas y alcancé una rama que me llevó al cuerpo de la ceiba. me desnudé, puse la camisa a la espalda y la abotoné al cuello, como si fuera la capa de caperucita. del bosque bajaba el viento con sus olores mezclados: susurrante me decía:

--Lánzate pero no llegues al agua, sigue volando, verás que es fácil.

Desde la bamboleante altura miré hacia abajo y los muros que atrapan el río casi se unieron.

Mi respiración cortada y el corazón al galope. Tragué en seco. Miré a todas partes: solamente el río embravecido, la Cueva con su boca negra abierta, la ceiba y yo. Un ligero impulso y… ¡me lancé! Iba en perfecta picada, el ríose me acercaba colérico, de pronto grité:

--¡¡SHAZAM!!

Mi cuerpo se puso horizontal.

            --¡¡Coñooo, estoy volando!

Iba a ras del agua, los brazos extendidos, las piernas bien unidas y lo que colgaba e mi cuerpo rozando discontinuo el agua. Atravesé el pueblo por debajo de los seis puentes: el primero de hierro y el último de tablones. En “El Charco del Negrito”, repleto de bañistas, los niños me señalaban boquiabiertos; los adultos miraban sin poderme ver y me alegré, por pudor.

El río al saltar la represa formaba una cortina transparente con caída espumosa. En La Quintica la gente gozaba al son del conjunto Arigüanabo; las notas del contrabajo de Ramiro Domínguez me golpearon el vientre. seguí río arriba  con sus viejos meandros y lugares con nombres sugerentes como: Nudismo, Cueva de los Negros, Macagua… ¡veintidós en total! Durante el recorrido peces y pájaros no dejaban de mirarme recelosos.

Llegué a la Boca de la Laguna y me paré o posé sobre una vieja Yagruma atravesada en el río. El bosque devolvió mi grito de locura…


            --¡¡Recontracoño, lo logré!! ¡¡Nadie me lo va a creer!!