martes, 3 de marzo de 2015

¿Puede el perro caliente vencer a los rusos?

Por el General Tom Isaboy *

La primera vez que yo hablé del plan WC-33, conocido entre los altos oficiales del Pentágono como la Operación Perro Caliente, todos se echaron a reir. Un joven coronel susurró burlonamente: “Ya se volvió a jalar este”, y los documentos quedaron archivados, al parecer para siempre… Pero los hechos vinieron a darme la razón años más tarde.

Fue durante la visita de Nikita Kruschov. Durante muchos días, lo llevaron de un sitio a otro, le mostraron los ferrocarriles, las fabricas, los edificios, y a todo respondía Nikita con una sonrisa amable que podía interpretarse como “En casa lo tenemos mejor”…¡Hasta que llegó el perro caliente!. La primera vez que Nikita Kruschov probó un perro caliente americano, quedó admirado, y, rompiendo el protocolo, afirmó que eran mejores que los rusos.

Aquella tarde recibí una llamada urgente del Comandante Estratégico. Mi plan había sido sacado del archivo. Era necesaria mi presencia, para aclarar ciertos párrafos devorados por las cucarachas. Durante dos meses hemos trabajado día y noche en los detalles del plan. Muchos aspectos son secretos y no estoy autorizado aún para revelarlos, pero para tranquilidad de todos los demócratas de Occidente, puedo esbozar, en líneas generales, en qué consiste nuestra mejor arma contra los rusos.

En sus fundamentos, la idea es sencillísima:

Primero: nuestros cohetes serán peores, nuestros diplomáticos serán peores, nuestros aviones serán peores…; ¡pero nuestros perros calientes son, decididamente, mejores que los del enemigo!. Es más, ¡son incomparables!

Segundo: a los rusos les tiene que gustar el perro caliente. Porque todavía el materialismo marxista no ha ahogado por completo ciertos valores espirituales en el pueblo.

Sentados en esos dos principios que nadie en su sano juicio se atrevería siquiera a discutir, resulta evidente qué hay que hacer. Se construirán dos millones de puestos de perros calientes desmontables, con paredes y mostradores de aluminio, capaces de ser lanzados en paracaídas. Se fabricará una cantidad suficiente de perros calientes para abastecerlos, y se entrenará a un cuerpo de dos millones de vendedores-cocineros, denominados HDSC (Hot-Doc Strategic Command), escogidos entre los más audaces y físicamente aptos de nuestros soldados.

A una señal del Pentágono, seiscientos aviones de transporte saldrán de veinte aeropuertos y bases norteamericanas, y se dirigirán hacia la URSS, dejando caer los puestos de aluminio que, diez minutos más tarde, estarán completamente armados y listos para empezar a servir perros calientes en campos y ciudades. Y seis horas después, cuando todos los rusos, jovenes y viejos, estén haciendo cola para probar nuestro inimitable producto, cuando las comunicaciones estén dislocadas, los mandos militares desmoralizados y el pánico cunda ya entre los líderes soviéticos, atacaremos al enemigo y podremos vencerlo fácilmente.

¿Cuándo sucederá?... Eso no puedo predecirlo. Pero creo, firmemente, que un día no muy lejano, en prueba de agradecimiento, la Estatua de la Libertad, tendrá en la mano no una antorcha, sino un perro caliente de bronce macizo.

----------------------------------------------------------

*Cuándo en 1959 se supo que un cohete ruso había llegado a la Luna, se produjo una enorme conmoción en el Pentágono. Pero el General Tom Isaboy permaneció inmóvil en su cama. Entre otras cosas porque la noche anterior se había bebido tres botellas de whisky, pero, además, porque a él no le preocupaban los cohetes. El general ha propuesto, hace mucho tiempo, una línea completamente distinta de estrategia frente al Soviet.

*Salaciones del Reader s Indigest 
Tomo XXXIX núm 231 Febrero de 1960

---------------------------------------------------

El perro caliente, el visionario Behmaras y la caída del socialismo soviético.
Por René González Barrios

La palabra socialismo en el año 1960, producía entre los cubanos las más diversas reacciones. No pocas estuvieron signadas por los efectos negativos que la propaganda anticomunista elaborada en los Estados Unidos, causaba en un sector nada despreciable de nuestra población.
El comunismo estaba satanizado; sus líderes demonizados. La URSS era una terrible y oscura nación encerrada en una cortina de hierro donde supuestamente no existían libertades de ninguna índole. Cientos de publicaciones y emisoras de radio en Norteamérica y Europa, desarrollaban una ofensiva informativa y cultural contra el naciente campo socialista. El imperialismo se cebó en el sobredimensionamiento de los errores que en la construcción del socialismo cometió el estado soviético. Las revistas Life y Selecciones del Reade’s Digest, llevaban al hogar cubano el fantasma del comunismo.

El prestigio que la militancia del Partido Socialista Popular tenía entre los obreros y campesinos cubanos, no era suficiente para desterrar el miedo al marxismo. Impactados por el clima anticomunista, en 1960, persistían prejuicios entre las fuerzas que hicieron la revolución, con aquella organización política. Corrían los años de apogeo de la guerra fría, en los que aún se respiraba la fetidez del ambiente macartista.

En medio de ese tenso ambiente político en el que la dirección de la Revolución esclareció el papel y lugar del Partido Socialista Popular en nuestra Revolución, Marcos Behmaras, destacado revolucionario e intelectual cubano, escribió para la revista Mella una serie de trabajos de fino y mordaz humor político, donde ridiculizaba el fundamentalismo ideológico y la impotencia y ceguera imperial ante el hecho consumado de una revolución popular, surgida en sus propias narices, que infructuosamente trataban de destruir. Parodiando el nombre de una de las principales publicaciones de la ideología imperial, agrupó sus trabajos en una saga que tituló, Salaciones del Reader’s Indigest, publicados en la Revista Mella.

El conjunto de trabajos de Behmaras, permaneció disperso en bibliotecas hasta que en el año 1982 la editorial Letras Cubanas los reagrupó en un excelente libro que hoy clama por una reedición. En su introducción, se explica que estaba dirigido a los jóvenes y al disfrute de los mayores.

Ese mismo año compré el libro, que devoré de un golpe. Imposible soltarlo una vez que comienzas su lectura. Es de los pocos libros que releo y tengo a mano como bálsamo espiritual. De toda la obra hubo un trabajo que entonces me resultó audaz y quedó grabado en mi memoria por la agudeza del análisis político a partir del humor: ¿Puede el perro caliente vencer a los rusos?

De manera ingeniosa el ocurrente de Behmara hilvana la historia de una supuesta visita de Nikita Kruschov a Estados Unidos, y el plan estratégico diseñado por el alto mando político militar de ese país, para invadir la URSS, no con armas, sino con puestos de perros calientes.

Estoy convencido que el trabajo de Behmaras no fue un simple ejercicio de humor político, sino el resultado del análisis del peso de la cultura como arma imperial. Él era un hombre de cultura que durante muchos años trabajó en la prensa escrita, la radio y la televisión y como pocos, conocía el alcance de los medios y de los símbolos.

Los cubanos tuvimos el desagrado de observar como las cadenas de televisión, en 1989, se deleitaban divulgando imágenes de miles de soviéticos en interminables colas, para acceder a establecimientos de la multinacional Mac Donalds, liados a golpes muchas veces, para probar un producto “símbolo” de la cultura consumista.

La genialidad de Behmaras, muerto accidentalmente en 1966, estuvo en la alerta temprana de los alcances del poder cultural norteamericano. Zbigniew Brezezinski, uno de los principales ideólogos imperiales, amigo y asesor personal del actual mandatario de la Casa Blanca, en su obra El Gran Tablero Mundial, al identificar a EEUU como única superpotencia global extensa, definía los cuatro ámbitos decisivos de su poder global: militar, económico, tecnológico y cultural. Respecto a este último, refería que disfrutaba “de un atractivo que no tiene rival, especialmente entre la juventud mundial,” y añadía:

“La dominación cultural ha sido una faceta infravalorada del poder global estadounidense. Piénsese lo que se piense acerca de sus valores estéticos, la cultura de masas estadounidense ejerce un atractivo magnético, especialmente sobre la juventud del planeta. Puede que esa atracción se derive de la cualidad hedonista del estilo de vida que proyecta, pero su atractivo global es innegable. Los programas de televisión y las películas estadounidenses representan alrededor de las tres cuartas partes del mercado global. La música popular estadounidense es igualmente dominante, en tanto las novedades, los hábitos alimenticios e incluso las vestimentas estadounidenses son cada vez más imitados en todo el mundo. La lengua de Internet es el inglés, y una abrumadora proporción de las conversaciones globales a través de ordenador se originan también en los Estados Unidos, lo que influencia los contenidos de la conversación global. Por último, los Estados Unidos se han convertido en una meca para quienes buscan una educación avanzada.”

Behmaras alertó con fino humor, el alcance de la guerra cultural, en una época donde no existía Internet, ni el mundo era esclavo, como hoy, de la interconexión tecnológica. A la luz de estos tiempos cabría a los cubanos hacernos la misma pregunta, y en consecuencia, trazar una sólida y coherente estrategia, para que el simbólico “perro caliente”, no destruya el basamento de la cultura de una nación que ha tenido que enfrentar a lo largo de su historia, la cruzada ideológica y cultural del imperio más poderoso que haya conocido la humanidad.

sábado, 28 de febrero de 2015

Párraga

Corina Mestre y Augusto Blanca

Ricardo Flecha






Con la señora de 81












Habana 27 de Febrero del 2015-02-28
Compañero Silvio Rodríguez

Apreciado hijo le hago esta carta para
darle las gracias por usted tener la
gentileza de venir a este reparto de
Párraga para tener la suerte de
su actuación, gracias muchas gracias
Sus canciones son bellas y
gustan mucho-
También le doy las gracias
porque usted le dio a la cantante
María Elena Pena hacerle un disco
que creo que es el primero de ella
gracias muchas gracias por ese gesto
con ella
Que Dios te bendiga y te de
mucha salud para que sigas
llevando a la raíz esas alegrías.
Atentamente una fiel oyente
Soy una anciana que tengo 81
años de edad
Felicidades hijo Silvio

-----------------------------------------

Con el Dr y poeta José Luis Moreno del Toro en Managua, Nicaragua, en 1980, el día del inicio de la campaña de alfabetización.

lunes, 23 de febrero de 2015

La reaparición de la izquierda

Por Guillermo Rodríguez Rivera

Estaba anunciado, si uno tenía ojos para ver.

Varios publicistas de la derecha se han alarmado al ver producirse, en Europa, la aparición de una “nueva izquierda”. Y la alarma no proviene de que tal formación política haya aparecido, sino de que amenaza con hacerse del poder por la vía electoral, y muy rápidamente, desbancando al bipartidismo que, a imitación de los Estados Unidos, se había instalado en las naciones europeas.

Desde la desaparición de la URSS, los partidos comunistas si no se extinguieron, al menos se marchitaron en Europa y en América Latina. Los teóricos de la derecha anunciaron no sólo el fracaso soviético, sino el del propio marxismo.

Quedaban, en estos países, apenas dos partidos con suficiente poder de convocatoria para disputarse el poder en elecciones: uno conservador (podía tener variados pelajes) y el otro socialdemócrata, pero de una socialdemocracia que, poco a poco, pero inexorablemente, había renunciado a sus orígenes marxistas, y ya no quería cambiar el sistema capitalista. Los dos partidos estaban enfocados, con diferentes matices, en la voluntad de conservarlo.

La primera campanada de alarma ha sido la victoria de Syriza en Grecia, y la elección de Alexis Tsipras como jefe del gobierno. Pero todavía causa más escozor la evidencia de que la reciente formación española Podemos, amenaza hacerse relampagueantemente con el poder que se han repartido el PSOE y el PP, desde la restitución democrática ocurrida tras la muerte de Francisco Franco.

Me parece que estos publicistas –por eso les llamo así, en lugar de estudiosos– no quieren explicarse verdaderamente el fenómeno político que está aflorando a la vista de todos. No les interesa comprenderlo sino, exclusivamente, desacreditarlo.

En los años que siguieron al devastador crack económico de 1929, llegó al poder en los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt. Esa década del treinta fue, en ese país, una década de desempleo, de ley seca y, con ella, de la proliferación y enriquecimiento de la mafia, pero también de sindicatos radicalizados, de una fuerte influencia del pensamiento socialista y de fortalecimiento del partido comunista, a pesar de la división creada por el arraigo de Stalin en el poder y la eliminación de casi todos los principales dirigentes de la Revolución de Octubre.

El predecesor de Roosevelt, Herbert Hoover, fue un adelantado de lo que hoy es la filosofía neoliberal. Predicaba lo que el capitalismo clásico –anterior a la Revolución de Octubre— proclamaba: el estado no debía intervenir en la vida económica de su país, porque el mercado era capaz de autorregularse[1] y superar la gran depresión por sí solo.  Hoover fue muy crítico de las medidas que habían tomado algunas naciones europeas para favorecer a los trabajadores desempleados y se hizo enormemente impopular en su país.

Roosevelt y sus asesores se apoyaron en los postulados del economista inglés John Maynard Keynes[2]: aparece la seguridad social, la pensión al desempleado, educación y salud gratuitas. Son los fundamentos del New Deal rooseveltiano y lo serán de la política económica de Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de un capitalismo que ha decidido compensar, a través del estado que representa esencialmente a la gran burguesía poseedora, a los sectores más endebles, más vulnerables de la sociedad  en la que se ubica la gran masa de trabajadores de esas sociedades. El propósito es, exactamente, salvar al régimen capitalista mediante la adopción de medidas que provienen del pensamiento socialista, pero que el capitalismo incorpora para conseguir su estabilidad. Constituyen un instrumento para debilitar el pensamiento radical de izquierda.

¿De dónde sale el financiamiento que sostiene el New Deal de Roosevelt y el “estado de bienestar” europeo? De los grandes impuestos que pagan las mayores fortunas de sus países. Es el “estado de bienestar” el que impide la rebeldía de los pobres contra la riqueza, es él el que elimina o atenúa muchísimo la lucha de clases. A nadie debiera interesarle más su existencia que a los millonarios, que siguen siéndolo aunque paguen impuestos que contribuyen a la estabilidad de la nación.

Sin embargo, desde los años ochenta del pasado siglo, dos figuras centrales en el gobierno del mundo capitalista, Ronald Reagan, de los Estados Unidos, y Margaret Thatcher, del Reino Unido, proponen la adopción de la doctrina de otro economista, la del norteameriano Milton Friedman: una doctrina destinada a desmontar el llamado “estado de bienestar” imperante en los Estados Unidos, Canadá, Europa Occdental y Australia; es el “neoliberalismo”, opuesto a la doctrina del keynesianismo.

Los impuestos no deben pagarlos los ricos sino los ciudadanos comunes. La argumentación es que la enorme acumulación de la fortuna de los poderosos, los hará invertir en industrias, servicios, instituciones que aumentarán el empleo. Pero los ricos no invierten en sus países: se van a invertir en países más pobres, donde pagan menos por el trabajo, o desarrollan lo que se llama “capitalismo de casino”, que trata de comprar barato para vender caro, que especula, sin darle trabajo a nadie. La política de austeridad que Alemania le impone a los países más pobres de Europa, ha llevado el desempleo entre los jóvenes españoles a más del 50%. Se habla de crisis económica, pero nada más la sufren los pobres: en estos años las grandes fortunas han ganado miles de millones de dólares.

Se ha comprobado que el neoliberalismo no elimina la pobreza sino la acentúa.

Los Indignados se constituyeron en fuerzas políticas en Grecia –donde ganaron las elecciones con el nombre de Syriza– y en España, donde a todas luces sacarán del poder al PP y al PSOE. El movimiento de Occupy Wall Street no se ha constituido en partido político en Estados Unidos, pero le retiró el apoyo a los demócratas y ha inclinado a Obama —en sus años finales de gobierno— a regresar a su mucho más progresista programa político inicial.

¿Todavía no pueden explicarse los ideólogos de la derecha, por qué reaparece la izquierda?





[1] En el año 2007, el estado norteamericano, bajo la presidencia de George W. Bush, tuvo que intervenir pero no para crear un balance entre las clases sociales, como argumentaba Keynes, sino para salvar el aventurerismo de la banca estadounidense, con el dinero de los contribuyentes.
[2] Keynes había lanzado sus tesis en los más duros momentos de la gran depresión, pero es en 1936 cuando publica su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, que es el fundamento de la política económica rooseveltiana y lo será del llamado “estado de bienestar”.

viernes, 20 de febrero de 2015

La CELAC y la cultura

Por Graziella Pogolotti

El discurso de Rafael Correa al hacerse cargo de la presidencia pro tempore de la CELAC merece una lectura detenida y reflexiva. Con perspectiva de estadista, plantea un proyecto a mediano plazo con cinco ejes fundamentales aplicados a nuestros problemas comunes y a nuestra diversidad ideológica y cultural. En lo personal, lamenté la ausencia de José Martí en la lista de fundadores y refundadores. No es el reproche de una aldeana vanidosa, aferrada a los valores de su terruño. Pero el Apóstol de la independencia de Cuba vio en ella y en la todavía frustrada independencia de Puerto Rico el modo de edificar una barrera de contención ante el expansionismo de Estados Unidos dispuesto a abatirse sobre nuestro Continente. Su mirada penetrante de poeta visionario, sin soslayar las artes y las letras de su tiempo profundizó en asuntos políticos y sociales y no temió arriesgarse en temas económicos y en los peligros latentes en las políticas monetarias formuladas por Washington. Este comentario no lesiona la admiración que siento por el propulsor de la revolución ciudadana, al que he venido siguiendo desde hace años, hasta el punto de adentrarme en algunos de sus textos sobre economía. Aplaudo sin reservas el planteamiento inicial de su discurso cuando afirma que las decisiones políticas son la clave del desarrollo. Ese concepto de desarrollo induce a considerar que la cultura es un tema que debe estar presente en el programa de CELAC.

Somos un continente caracterizado por una maravillosa diversidad de paisajes y culturas, depositario además de enormes riquezas naturales. Hay áreas de significativa presencia indígena, otras marcadas por la trata negrera y aquellas donde la emigración europea de diversos orígenes ha contribuido a configurar el panorama, sin desconocer además, en unos lugares más que en otros, los núcleos de procedencia asiática. A pesar de todo ello, nos unen eslabones históricos sustanciales. Aparecimos en la narrativa histórica como nuevo mundo patente difícil de borrar de una mirada eurocéntrica que ha pesado sobre nosotros durante medio milenio. La conquista y la colonización delinearon, con la aplicación de variadas expresiones de violencia, nuestro destino. Las catedrales se construyeron sobre los templos indígenas. Se impuso un sistema fatídico de distribución de la propiedad y se nos dio la tarea de producir y exportar materias primas para el capitalismo naciente. Éramos un ubérrimo potosí.

Los conquistadores arraigaron en el nuevo lugar. En gran medida a través de inconfeso mestizaje, apareció el criollo. Los descendientes de familias acomodadas cursaron estudios en las universidades que, en América Latina, se fundaron en fecha temprana, más favorecidas que la anémica enseñanza elemental. Muchos prosiguieron su formación en Europa. Eludiendo la censura, los libros circulaban entre las capas ilustradas. Así llegaron las ideas de los enciclopedistas, los textos de Rousseau y las noticias de la Revolución Francesa. Las condiciones estaban dadas para que, conscientes de su americanidad, de su poder económico y de su preparación intelectual, superior a la de los funcionarios de la metrópoli, los criollos se plantearan la lucha por la independencia política junto al acceso a mercados potenciales prohibidos por el férreo monopolio metropolitano. No todos consideraron la pertinencia de construir una nueva sociedad. Bolívar selló el compromiso de emancipar a los esclavos. Pero los conflictos de intereses y las ambiciones personales fracturaron la unidad soñada.

Las pugnas entre caudillos y la subordinación a los patrones hegemónicos, colocaron a Nuestra América en la periferia del capitalismo. La independencia política no cortó las raíces profundas del coloniaje. Seguimos suministrando materias primas y exportando a los países centrales las utilidades de las oligarquías nacionales y los inversionistas extranjeros. Sin embargo, en la conciencia de las capas medias, de los sectores intelectuales y de las clases trabajadoras perduró el sueño latinoamericanista. Un fenómeno singular que merece atención en la actualidad, cuando se reconoce en la educación superior uno de los ejes del desarrollo posible, ilustra esta realidad subyacente. Los principios rectores de la reforma universitaria formulada en Córdoba, Argentina, en 1918, impactaron en todo el continente. Tomaban distancia del modelo europeo tradicional. Daban cuerpo y sentido a las organizaciones estudiantiles, concedían la primacía a la investigación como contraparte de una enseñanza anquilosada y reproductiva y se proyectaban hacia la sociedad mediante la denominada extensión universitaria. El programa se orientaba hacia la inserción de la Universidad en un propósito transformador en el que los egresados tendrían un papel decisivo. El empeño se colocaba a las antípodas de un modelo que se limita a suministrar trabajadores calificados al servicio de la demanda del poder económico.

En el mundo de las artes y las letras las interconexiones nunca desaparecieron. Por vía de intercambio de publicaciones o instalados por distintos motivos en otras tierras, reafirmaron el sentimiento de un destino común y se reconocieron en el drama de sus respectivos países. El modernismo definió su singularidad. Su influencia se hizo sentir en el conjunto de las letras hispánicas. Vendría luego la vanguardia y, más tarde, el mal llamado boom. Se historiaron los procesos generales del arte y la literatura. Los estudiantes del lado de acá del Atlántico conocimos al Inca Garcilaso, a Sor Juana Inés de la Cruz, a la María de Jorge Isaacs, etcétera, integrados a un mismo patrimonio.

Falta por iluminar desde la perspectiva actual los rastros de un pensamiento que valido de la filosofía, de las ciencias sociales y de la pedagogía, se dedicó a repensar América. Marginado por las miradas de los centros culturales establecidos, deben redescubrirse y reintegrarse a nuestro legado común. Son nuestros clásicos. Incluyen la visión de los vencidos, las obras de Simón Rodríguez y de José Martí, las lecturas americanas del marxismo.

El rescate de este trasfondo de pensamiento y creación tiene que ser obra de muchos, la concertación de esfuerzos de investigadores, sometidos con frecuencia al llamado de modas efímeras y un empeño común en juntar recursos para garantizar su popularización y su incorporación a los programas escolares.

Los ejes principales concebidos para nuestro desarrollo no pueden prescindir de un basamento cultural. Es el núcleo sustentativo de la batalla de ideas en este momento, aquella que nos librará de tentaciones tecnocráticas y miméticas. Esta lucha no puede emprenderse tan solo en términos intelectuales. Las industrias culturales y los medios de comunicación modelan conciencias, construyen expectativas de vida, llegan con sus imágenes fulgurantes a los rincones más apartados. En este terreno se invierten recursos millonarios que patrocinan la permanente renovación tecnológica y ponen a su servicio talento y creatividad. La contracultura intentó promover focos de resistencia. Su médula rebelde fue neutralizada por el mercantilismo. El desafío que nos plantea este modo de consolidar hegemonía no encontrará respuesta adecuada en un día. Pero se hace camino al andar. Para buscar soluciones, para determinar prioridades debe colocarse en la agenda de CELAC desde ya, como una señal más en este cambio de época. En nuestro ancho territorio hay numerosos intelectuales dispersos y jóvenes que procuran definir un sentido de la vida. Habrá que contar con todos ellos. Cuando un nuevo horizonte se ilumina, las voluntades se movilizan.