martes, 30 de junio de 2015

La variedad de lo vital*

Una de las maravillas de Martí es que desde tan joven hubiera sentido a su Patria como algo legítimo arrebatado por lo espurio; su tajante diferenciación entre lo puro propio y la mácula de la imposición externa; opuestos que cobran una significación aún más dramática al ser sus padres un valenciano y una tinerfeña. Pero tampoco era un milagro la Patria que él figuró en Abdala. Aquel sentimiento del Martí adolescente, aquellas razones indignadas, de muchas maneras estaban bullendo en las calles de La Habana cuando nuestro Pepe era un niño. El despertar de una conciencia de Nación venía creciendo en Cuba desde las ideas del Padre Félix Varela. Martí había conocido el pensamiento de Valera por su maestro Rafael María de Mendive, que en sus viajes se había encontrado con el clérigo desterrado. Y Mendive, a su vez, había sido discípulo de José de la Luz y Caballero, que compartió años con Varela en el seminario de San Carlos y allí fue ganado por sus ideas renovadoras.

Aquella noción de Patria pudo surgir de aquella forma cuando éramos territorios colonizados, sujetos férreamente a los vaivenes de las rivalidades y supremacías de los imperios europeos. Bajo aquel sometimiento, asfixiante para las emergentes generaciones de criollos,  empezaron a dibujarse nuestras naciones y con ellas nuestros primeros sentimientos de dignidad ultrajada. Después se vio que las guerras de liberación fueron tan necesarias para el crecimiento físico como para el espiritual.

Que Cuba pasara de las manos de un Imperio a otro, en una negociación a espaldas del pueblo cubano, desdeñando los enormes sacrificios de 30 años de luchas, de cierta forma acabó de marcarnos el destino. Nos hizo conscientes de que nos faltaba por aportar aún más dolor para llegar a la sangrada y soñada emancipación. No se puede entender a Cuba ni a sus vanguardias sin saber que ese ha sido nuestro sello de Caín y que las circunstancias históricas actuales parecen alargar ese empeño en nosotros.

Por eso una de nuestras armas estratégicas es el compromiso con nuestra Historia. Entenderla y enseñarla con veracidad nos ayuda a fraguar la unidad que nos es imprescindible para sobrevivir como pueblo, para hacer sostenible, en cualquier circunstancia, nuestro legítimo ideal de soberanía. Y por supuesto, jamás renunciar a Martí como “misterio” acompañante.

Quien sinceramente quiera ser nuestro amigo, por más diferente que piense, tiene que empezar por comprender –y respetar– esta circunstancia vital de los cubanos.

Por otra parte, saber que un lugar del mundo, un lugar que es patria de otras personas, puede desaparecer tragado por las aguas, hace volar la mente.

¿De cuántas formas influye lo circunstancial en la noción –y en la razón– de patria?

Sé que van a traer muchas citas hermosas, de grandes pensadores. Pero me gustaría que ustedes, abejas de Segunda cita, también contribuyeran con sus propias palabras al Universo de cuestiones que la variedad de lo vital circunstancial nos abre.

* A propósito de un aporte martiano de Lectora.

miércoles, 24 de junio de 2015

Regalo

En Santiago de Cuba, años 70s...
Augusto, Augusto,
celebro tus 70 con tremendo gusto.

Voz de guarapo y trapiche,
dador de peces y panes,
raudo tomeguín de Banes
nuestro Esopo de palmiche.

Augusto, Augusto,
celebro tus 70 con tremendo gusto.

Te aplauden agradecidos
caracoles y babosas
y hasta las auras tiñosas
por ti no tienen olvido.

Augusto, Augusto Blanca
celebro tus 70 y tu guitarra franca.

Fraguados en tu crisol
de poblinas y domingos,
los nadies y pirindingos
por tu culpa fueron sol.

Augusto, hermano Augusto,
celebro tus 70 con tremendo gusto.

La vieja luna trovera
de Sindo y de Matamoros,
ya no llora y te hace coro
de otoño a la primavera.

Augusto, Augusto,
celebro tus 70 con tremendo gusto.
Augusto, Augusto Blanca
celebro tus 70 y tu guitarra franca.

24 de junio, 2015

domingo, 21 de junio de 2015

De la poesía y el ser

Rolando López del Amo

La poesía lírica es la necesidad que tiene el poeta de hacer objetivo lo que siente y pasar del soliloquio al diálogo. Es un reclamo  íntimo de comunicación porque vivir no es otra cosa que estar en relación con la otredad. Cada criatura es parte de lo vario en lo uno.

Lo primero en poesía, como en cualquier otra forma de la comunicación interhumana, es tener algo que decir, que transmitir. Lo segundo es la forma en la que va a
hacerlo.

En los tiempos antiguos de transmisión oral de la creación literaria, era imprescindible lograr un ritmo, una cadencia, una musicalidad que ayudara a la memorización. Métros, rimas, metáforas, símiles, epítetos, fueron también elementos coadyuvantes. Esa fue la mayéuyica del lenguaje en verso, necesariamente eufónico, con toda la variedad de estructuras que cada cultura creó y compartió con las otras. Todas perseguían un ideal de belleza expresiva más allá del lenguaje cotidiano. Estas características de la poesía se extendieron a la prosa para que fuera no sólo utilitaria.

Sabemos que los ideales de belleza son diferentes según las geografías, niveles de desarrollo humano, épocas. Todo cambia. La vida es movimiento y desarrollo. Lo importante en la poesía, como en todas las ramas del arte, es su capacidad de impresionar al que la recibe, de forma tal que pueda compartir el sentimiento que se le expone, hacerlo suyo. Para el sabio Carlos Marx, lo importante de la obra de arte consistía en su capacidad de deleitar, de atrapar la atención, con agrado, independientemente del contenido. Para otro alemán, W. Goethe, la poesía era lo que quedaba del poema después de traducirlo a otra lengua. O sea, el sentimiento puro. Para José Martí El arte sumo…es el que saber sacar el alma de las cosas, producir con el detalle la emoción de la armonía, inundar las entrañas de deleite (15-438)

Ética y estética andan por la vida moviéndose por líneas paralelas, tomadas de la mano y entrcruzándose, en su paso por el tiempo. Ninguna de las dos es inmutable, pero sus propósitos últimos se mantienen: el bien y la belleza. Estos dos principios se cubren con mantos diversos de modos y modas, pero, en su esencia última, forman una unidad inseparable. Tanto el uno como el otro son distintivos de lo mejor de la condición humana, de su inteligencia sentimientos, de eso que llamamos, como expresión quintaesenciada, el espíritu.

En poesía hay, básicamente, dos actitudes formales. Una prefiere la diafanidad. La otra, la sombra intrincada y laberíntica. Lo sencillo o lo recargado. Cada criatura tiene su modo y uno no excluye al otro. Sus extremos son el páramo y la selva. Entre ellos hay prados, jardines y macetas, arboledas y ríos, mares y montañas.

Todo tiene su valor. Uno será más de nuestro gusto y otro menos o nada; pero todo es parte del proceso colectivo por apropiarnos de la realidad, desentrañarla, comprenderla y tratar de explicarnos a nosotros mismos, de saber qué somos entre la temporalidad y la eternidad.

Calderón de la Barca decía que la vida es un sueño y William Shakespeare la veía como una actuación teatral. Para José Martí la vida era novela, taller, lucha. La vida es inspiración, la vida es fraternidad, la vida es estimulo, la vida es virtud! (22-82), escribió. La vida está en la compañía y el sacrificio (5-436)

Sea sueño, pieza teatral, novela o como queramos definirla, la vida humana es nuestra participación en el ser y en el estar. La temporalidad y la decadencia vencen a nuestra lozanía y deseos de permanencia. Por Desde La Iliada, se muestra la vida de los hombres es drama y tragedia, en tanto la de los dioses en que nos sublimamos, es comedia, diversión.

En el tránsito hacia el polvo del origen, la poesía puede ser cercana compañera, amiga íntima, espejo y consolación, acicate y sosiego, revelación y enigma.

En todo caso, siempre, ayuda para ascender un paso más en el sendero que permite  al animal que somos alcanzar sus más altas posibilidades, aproximarse a lo mejor de su naturaleza, que se manifiesta en la capacidad de amar y agradecer el formar parte del  misterio y milagro de  La Gran Ilusión, a la vez  tangible y desconocida.

martes, 16 de junio de 2015

(de nuevo) Viva Correa

DECLARACIÓN DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO DE LA REPÚBLICA DE CUBA
Desde el pasado 8 de junio, el gobierno de la República del Ecuador, que encabeza el Presidente Rafael Correa Delgado, enfrenta en diversas ciudades de ese país hechos de violencia y llamados al derrocamiento del gobierno de la Revolución Ciudadana.
Grupos oligárquicos, apoyados en medios de comunicación, las redes sociales de Internet y la gran prensa transnacional, pretenden desacreditar al Gobierno legítimamente constituido, generar una crisis y desatar la violencia en un país estable y pacífico.
El Presidente Correa y otros líderes del movimiento Alianza País han denunciado enérgicamente  esta nueva intentona golpista y se han puesto al frente de movilizaciones populares en defensa de la Revolución Ciudadana y en rechazo a un plan que, según  denuncias, estaría recibiendo apoyos desde el exterior. Ante estos hechos, que parecen repetir el mismo guión de desestabilización aplicado contra otros gobiernos progresistas de la región, el Gobierno  Revolucionario de la República de Cuba expresa su firme e irrestricta solidaridad y apoyo con el hermano pueblo ecuatoriano, con el gobierno de la Revolución Ciudadana y con su líder, el compañero Rafael Correa Delgado. Asimismo, insta a respetar el ordenamiento jurídico del Ecuador y a rechazar enérgicamente cualquier injerencia en los asuntos internos de ese país, en correspondencia con los postulados de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
La Habana, 15 de junio de 2015
Año 57 de la Revolución

viernes, 12 de junio de 2015

De lo posible se sabe demasiado

DISCURSO DEL PRIMER VICEPRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS DE LA REPÚBLICA DE CUBA, MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ EN LA II CUMBRE CELAC-UE. BRUSELAS, 10 Y 11 DE JUNIO DEL 2015
Jefas y Jefes de Estado y Gobierno:
Excelencias:
Para la América Latina y el Caribe, esta Segunda Cumbre CELAC-Unión Europea, constituye un desafío, pues en ella debemos trazarnos el objetivo de replantear los vínculos entre ambas regiones para que efectivamente tengan el impacto deseado en las relaciones económicas, comerciales y de cooperación.
La historia demuestra que el subdesarrollo de la América Latina y el Caribe se inicia con el saqueo colonial, el exterminio de millones de personas en los pueblos originarios y los horrores de la esclavitud. Las deformaciones estructurales de nuestras economías se agudizaron con la explotación neocolonial, los países industrializados y las transnacionales impusieron sus intereses, el capitalismo estableció patrones de producción y consumo irracionales e insostenibles. Los Estados Unidos nos despojaron de territorio y de soberanía sobre los recursos naturales y mutilaron la independencia de las naciones de la región, incluso al precio de sangrientas dictaduras militares. El neoliberalismo borró una década de progreso. Contagiaron nuestras economías con la crisis económica global y la especulación financiera.
Pese a los progresos alcanzados, la América Latina y el Caribe es la región de más desigual distribución de la riqueza y persisten la pobreza, el insuficiente acceso a la educación, la salud y el conocimiento.
En junio de 1999, en la Cumbre de Río de Janeiro, la Unión Europea nos propuso una “asociación estratégica birregional”.
En Santiago de Chile, en enero del 2013, la CELAC reiteró la voluntad de: “cooperar y profundizar las relaciones birregionales sobre la base del respeto, la igualdad soberana y sin interferencias externas”.
En La Habana, en enero de 2014, la CELAC aprobó la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, estableciendo los principios rectores que rigen los lazos entre los países de la región, aplicables a sus relaciones con el resto del mundo.
Invoco dicha Proclama, para expresar solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela y su Presidente Nicolás Maduro Moros frente a la arbitraria e infundada Orden Ejecutiva del Presidente de los Estados Unidos, la cual le impone sanciones que nuestra región reclama sean derogadas.
Si bien compartimos importantes vínculos históricos y culturales, nuestra región sigue ocupando un nivel marginal dentro de las prioridades económico-comerciales de la UE. Se refuerzan las asimetrías y, mecánica e injustamente, se retira la cooperación a pequeños Estados del Caribe.
Las Metas de Desarrollo del Milenio continúan siendo inalcanzables. Sin otro orden económico internacional y financiero, la Agenda de Desarrollo Posterior al 2015 resultará un espejismo e incrementará la dependencia y la brecha Norte-Sur.
Los modelos políticos y el Estado de bienestar en Europa entraron en crisis. Los programas de ajuste y austeridad han dañado gravemente a los trabajadores, las familias y los inmigrantes. Parte considerable de una generación no ha encontrado su primer empleo.
Para sobrevivir, es impostergable detener el cambio climático con un acuerdo legalmente vinculante, ambicioso, justo y equitativo, que garantice financiamiento, tecnología y cooperación en materia de adaptación y mitigación, sobre la base de las responsabilidades comunes pero diferenciadas y el reconocimiento de la deuda histórica de los países desarrollados.
Las crecientes amenazas a la paz y la seguridad internacionales, las guerras no convencionales y la pobreza, que devastan naciones y destruyen Estados, empujan a oleadas de seres humanos desesperados en busca de refugio.
Muy tempranamente, advertimos que la expansión de la OTAN hacia las fronteras de la Federación de Rusia implicaría una grave amenaza a la paz, la seguridad y la estabilidad internacionales y de la propia Europa. Reiteramos nuestro rechazo a las sanciones contra dicho país.
A pesar de la histórica decisión de Cuba y los Estados Unidos de restablecer relaciones diplomáticas, el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba persiste en toda su intensidad. Ha llegado el momento de que Europa abogue por su eliminación total y ponga fin al nada ético Entendimiento con Estados Unidos de noviembre de 1996 que acepta la legislación que lo sustenta e internacionaliza, la Ley Helms-Burton.
El cese de esa injusta política, junto a la devolución del territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo, la terminación de las transmisiones radiales y televisivas violatorias de las normas internacionales, la compensación a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos sufridos, y la supresión de los programas de carácter subversivo, son premisas indispensables para la normalización de relaciones entre ambos países.
Seguimos trabajando para la conclusión del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la Unión Europea y Cuba sobre las bases de reciprocidad, respeto mutuo y no injerencia que acordamos en 2008 para el reinicio de las relaciones de cooperación entre ambas partes.
La Unión Europea, que constituye un importante socio económico para Cuba, tiene espacio para acompañarnos en nuestro desarrollo. Asimismo, puede aportar a la construcción de un mundo más justo y equitativo, para lo cual urge demoler el actual sistema de dominación, hegemonismo, saqueo de riquezas y especulación financiera.
Como hiciera el líder histórico de la Revolución Fidel Castro en la primera de estas citas, los invito a obrar “el milagro de convertir en posible lo imposible”.

domingo, 7 de junio de 2015

Introducción al Premio de Historietas Ojalá 2012

 los diez u once años, uno de mis primeros empleos fue el de guardián del inmenso puesto de historietas que el señor Suárez extendía en los portales de la calle Belascoaín. Después de muchas horas de vigilia, a veces, Suárez me daba cinco o diez centavos; pero mi verdadera paga era el privilegio de sentarme a leer muñequitos en aquel lugar maravilloso, donde el tiempo no existía.

Allí pasaron por mis ojos El Spirit, Batman y Robin, Cuentos de Brujas, El Capitán Marvel, Superman, Rip Kirby, Dick Tracy, La Mujer Maravilla, Vidas Ilustres, Sheena, Turok, Flecha Verde, El Llanero Solitario, Frentes de Guerra, Flash Gordon, Terry y los Piratas, Johnny Hazard, Steve Canyon, El Fantasma, Mandrake el mago, El gato Félix, Tom y Jerry, Cisco Kid, La Pequeña Lulú, El Conejo de la Suerte, Porky, todo Walt Disney y todavía algunos más.

Se ha escrito sobre la tendenciosa influencia de los cómics. El Halcón Negro y otros superhéroes luchaban lo mismo contra nazis que contra rusos comunistas, pero esa parte del mensaje --al menos en mi-- se quedó en una zona de ficción que no determinó mi visión del mundo. En cualquier caso, soy incapaz de pensar mal de aquellas lecturas que son parte inseparable de lo que soy. ¿Cómo podría soslayar que aprendí a leer para enterarme de lo que decían los globos de los dibujos en colores? Por el contrario, siempre he pensado que los cómics me incorporaron cosas interesantes.

Aquellas historias incentivaron mis propios deseos de dibujar y acabaron llevándome a otras lecturas; me aportaron referencias; me hicieron viajar por países, reales e imaginarios; me sumergieron en personajes y épocas, y ensancharon mi percepción estética.  Recuerdo que la primera página del suplemento sabatino del diario El País era la de Tarzán y que desde niño se me grabó el nombre de Burne Hogarth, un ilustrador barroco que mezclaba elementos del art-decó y del art-noveau. Tampoco olvido que la última página del tabloide era la de El Príncipe Valiente, por lo que siempre me ha acompañado la perfección de formas de aquel grande llamado Harold Foster.

No mucho después descubrí que, mientras yo intentaba ser Buck Rogers, en mi país había historietas que se oponían al gobierno. Pero ni una pitonisa hubiera adivinado que me tocaría conocer a uno de los autores de aquel arte comprometido y que pasaría jornadas aprendiendo de su magisterio.

A finales de 1961, mi padre me animaba a presentarme en alguna revista con mis dibujos. Así que, con varios bajo el brazo, me aparecí en Verde Olivo, donde me recibió el reconocido dibujante Alfredo Calvo, quien me orientó hacia el juvenil semanario Mella.

Con el emblema de la Juventud Socialista, el Mella, en forma de pequeña revista, había publicado 82 números durante la tiranía batistiana y, por la fecha de que hablo, era el órgano de la Asociación de Jóvenes Rebeldes. Por entonces tenía sede en un viejo edificio de la calle Desagüe, en los números 108 y 110. En su segundo piso, donde quedaban los departamentos de dibujo y diseño, me recibió  Virgilio Martínez, el dibujante que con el seudónimo de Laura dio vida a “Pucho”, aquel perrito que en la clandestinidad había orinado a Batista y ahora, después del triunfo revolucionario, al tío Sam.

Yo pensé que en el Mella me iban a decir que dejara mis dibujos y que después me avisarían. Pero a la media hora de estar allí, ya Virgilio había puesto una mesa al lado de la suya y me había dicho que aquel era mi puesto. Y fue como si me prestara “las botas de siete leguas”, porque en unas semanas estaba entintando lo que mi maestro trazaba a lápiz y, poco después, ya estaba dibujando una página propia.

Mella era un creativo y bullicioso semanario. Por aquellos días, con asombro, vi aparecer maravillas de la experta mano de mi mentor: desde los primeros trazos de Supertiñosa y del tuerto Botargh, hasta el escudo de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Al lado de Virgilio aprendí la diferencia entre tener calidad y ser chapucero; tuve noción de los estados de excelencia al que muchos aspiran y no todos alcanzan. Bajo su tutela también descubrí que algunas de las aventuras que admiraba, y muchas otras, eran obra de grandes talentos. Y que, como en otros oficios, gracias a esos autores especiales era posible hablar de la historieta como Arte.

Los que tuvimos la suerte de estar cerca de él, sabemos que Virgilio Martínez, además de magnífica persona, fue un gran artista. No había escena, por compleja que fuera, que no apareciera velozmente de su mano. Nunca lo vi replantearse un ángulo ni usar la goma de borrar. Era como si todo lo tuviera pensado, como si hiciera bocetos en la mente. A lo sumo, al entintar, completaba la guía sutil que a veces trazaba con lápiz azul. He conocido a otros excelentes dibujantes, pero nunca volví a sentirme ante tanta seguridad y maestría.

“Tienes que fijarte bien en todo”, solía decir. “Por ejemplo, dibuja un teléfono. ¿Te acuerdas de cómo es un teléfono? Pues tienes que tener un teléfono en la cabeza, con sus tres dimensiones, para poderlo dibujar desde cualquier ángulo. Y eso mismo lo aplicas a todo lo demás.”

¿Qué dimensiones tendría el inventario de objetos, caracteres y mundos que giraría en la mente de Virgilio Martínez, gracias a su imaginación y a su memoria fotográfica? ¿Con qué particular Universo estará viajando el infinito?

El fin de esta historia quizá no sea el mejor, porque la dimensión de Virgilio merecía que su pupilo se convirtiera, al menos, en su continuidad. Pero la vida me haló en otra dirección. Sin embargo, al frente que trasladé mi aprendizaje me llevé su espíritu autocrítico, su respeto por los destinatarios del trabajo y algo de su modestia visceral.

A principios de la década del 70 proliferaban en Cuba periódicos y revistas de dibujos. Tiempo después, drásticas restricciones de papel volvieron nada aquel florecimiento. No pocos buenos dibujantes vieron tronchado su trabajo y muchos jóvenes, que empezaban a encaminarse, se sintieron frustrados.

El Premio Ojalá 2012 de Historieta pretende mostrar que en Cuba hay excelentes artistas de este género gráfico. La concurrencia que hubo a nuestro llamado lo demuestra, y lo subrayan los dos premios que un jurado de excelencias certificó.

Sirva este esfuerzo para honrar la memoria de Virgilio Martínez --uno de los padres de la historieta en Cuba-- y como aliento a los que dibujan y esperan publicar en papel y/o en el éter.

Ojalá sirva también para hacer ver que algunos sueños son posibles.

15 de mayo de 2013.

miércoles, 3 de junio de 2015

¿Debe sobrevivir el comercio estatal minorista?

                                                      por Guillermo Rodríguez Rivera

Controlar el comercio minorista sin estar cerca de él ni participar en su funcionamiento, desde una alejada poltrona burocrática, resulta una empresa muy difícil de llevar adelante con éxito. Las grandes empresas petroleras –la Esso, la inglesa Shell, o la Texaco, que ahora ha pasado a ser Chevron– no se interesaban en ser dueñas de las gasolineras que servían sus productos: esas eran propiedades particulares a las que ellas surtían el aceite de motor, el petróleo, los diversos tipos de gasolina  y demás productos que esos centros vendían a los choferes o propietarios de vehículos que venían por ellos.

Resulta abrumador controlar, por ejemplo, las bodegas de un único municipio habanero, las carnicerías, las panaderías, las dulcerías que habían sido muchas veces negocios familiares: incluso a nuestro teatro vernáculo llegó la codificada imagen del sobrino del bodeguero español. Podía haber un sobrino o un hijo, un primo o un amigo muy cercano, y el bodeguero podía ser también cubano o chino.

La intervención confiscadora del estado en ese mundo no pudo ser otra cosa que un desastre. Dentro de tres años se cumplirán 50 de aquel auténtico tsunami económico.

A cinco décadas de aquello, no me parece posible otra salida que no sea la salida del estado del comercio minorista. Esa salida del estado es, en verdad, la colocación en otro nivel de situación al personal que maneja ese comercio. Voy a usar una palabra a la que nos hemos habituado a temer: privatización.

Es una palabra que el neoliberalismo volvió satánica: dos ilustres Carlos latinoamericanos, usaron la privatización como el escondrijo de un proceso de enriquecimiento ilícito que casi deja en ruinas a México y Argentina. Pero aún sin la corrupción que los envolvió,  ambos procesos casi arruinan enteramente las economías de ambos países, porque privatizaron los grandes recursos esenciales de ambas naciones o devaluaron la moneda nacional.

A la diferencia de lo que hicieron Menem y Salinas, yo estoy proponiendo reprivatizar lo que nunca debió estatalizarse.

Esos pequeños negocios –bodegas, carnicerías, dulcerías, etc.– con un par de empleados deben entregarse bajo contrato a quienes los administran; los centros comerciales mayores podrían convertirse en cooperativas. Creo que el problema debe solventarse en acuerdo con los administradores y trabajadores de estos negocios. Si ellos rechazan la oferta quedarían disponibles laboralmente. No vamos a dejar a nadie desamparado pero mucho menos podemos desamparar al pueblo y a su economía. El nuevo propietario correría con los gastos de luz, agua e impuestos sobre las ganancias del establecimiento.

El estado mantendría las grandes tiendas por departamentos y las tiendas en divisas que deberían igualarse para la unificación de la moneda, pero no como el monopolio que son en la actualidad: debe empezar a dar licencias para la aparición de comercios.

Aquí deberíamos volver a uno de los postulados del artículo inicial: ese mercado no puede ser concebido como uno inaccesible al trabajador normal de Cuba porque ello es letal para la producción y la economía de la nación.

Hay varias medidas que la nación debe tomar para convertir ese mercado en un estímulo para el desarrollo de un socialismo próspero que no se va a conseguir de golpe, pero tiene que irse viendo en el avance del país.

Los precios en esos comercios, establecidos en dólares, están triplicados con arreglo a los internacionales y, además, de eso, se multiplicarán por 25 al unificarse la moneda. Para poder triplicarle el precio al comprador cubano que va a la tienda, los compradores compran en el extranjero lo más barato, que suele ser lo peor. Muchos compradores de comercio exterior deben recibir coimas para comprar en cantidad productos que nadie quiere y que, a la larga, van contra la economía del pueblo cubano, que es quien los paga.

Esa situación tiene que empezar a transformarse ya, mediante varias medidas.

Es imprescindible bajar la tasa de cambio del peso cubano por el dólar. Adquirir y vender productos que permitan a los salarios realizarse en el mercado.

Es imprescindible hacer una inversión en el consumo de los trabajadores si se desea aumentar la producción y la productividad. El trabajador ya ha laborado décadas sin ver el resultado de su esfuerzo. No puede seguirse apostando únicamente a la conciencia del trabajador. Sus carencias y necesidades se han acumulado.

Empezar a bajar –sin prisa, pero sin pausa– los precios casi triplicados de los artículos que se venden así desde hace 20 años,  para estimular al trabajador y tener un apreciación correcta de los ingresos del país, que esos precios deforman. Deberá haber un cronograma para la normalización de esos precios.

Establecer un sistema de crédito para la compra de los artículos más caros que se apoye en la verificación de la solvencia del comprador y la capacidad del estado para cobrarle. Eliminar la categoría del garante de la deuda: el garante de la deuda es el propio comprador, que tiene que hacer frente a la deuda que ha contraído.

Tenemos que estar atentos ahora que puede empezar un relación económica con los Estados Unidos, pero ese estar atentos no lo es únicamente en el plano ideológico: esas convicciones tienen que apoyarse en una visible posibilidad de mejoramiento de la vida del cubano que trabaja. Esa es una inversión que nos resulta imprescindible para salir adelante.


Creo que ese comercio minorista sería capaz de estimular el aumento de la producción y de empezar de devolverle sobre todo a los jóvenes cubanos la confianza en el avance del país.

Muy sentidas disculpas

Pido muy sentidas disculpas por el lamentable error que cometí al confundir la fecha de la muerte de Rodolfo Walsh. Yendo para el acto en Lugano fue que escribí las palabras que leí de mi puño y letra, escritas porque me parecía elemental ponderar aunque fuera mínimamente el valor y el sacrificio de quien da nombre al premio que iba a recibir.

Yo había rectificado mi error públicamente, gracias a la advertencia de una compañera del blog, pero llegando a Cuba recibí una carta de Patricia Walsh, hija de Rodolfo, que me hace pensar que lo mejor es borrar la entrada. Pido excusas a los segund@citeros por la medida, pero creo que es lo correcto.

Por último dejo aquí las palabras que Patricia Walsh  colgó en Cubadebate y que agradezco:

Patricia Walsh dijo:
Estimado Silvio Rodríguez, sé que te has rectificado, pero me parece necesario también hacerlo aquí, en Cuba Debate. Mi padre, Rodolfo Walsh, no cayó el 26 de marzo de 1976. Fue el 25 de marzo de 1977, al día siguiente de haber escrito su hoy muy difundida Carta Abierta a la Junta Militar, donde hiciera un balance del primer año de gobierno de aquella última dictadura argentina, que además integrara el nefasto Plan Cóndor. Por esos hechos, ocurridos en la ciudad de Buenos Aires, se acusa a varios de los participantes de aquel crimen, en el llamado tercer juicio Esma, que se desarrolla hoy, a pesar de tanto tiempo transcurrido, en un Tribunal Federal en la ciudad de Buenos Aires. Por la fecha de la Carta Abierta a la Junta, por su contenido de balance de los crímenes cometidos, porque aquellos hechos se juzgan recién hoy, después de tantos años de impunidad, creo imprescindible rectificar esa fecha, escribiendo la correcta, 25 de marzo de 1977. Agradeciendo tu homenaje hacia mi padre, y la belleza de tus canciones, que con mi familia siempre disfrutamos tanto, te mando por esta vía un gran abrazo. Con cariño, Patricia Walsh.

2 JUNIO 2015 A LAS 9:28

jueves, 28 de mayo de 2015

El reordenamiento del comercio cubano

por Guillermo Rodríguez Rivera

Voy a comenzar polemizando con uno de los lectores de Segunda Cita que se hace eco de mi enjuiciamiento a nuestro comercio minorista, y la emprende enérgicamente contra la actividad económica del estado. Sin duda se necesita valorar la efectividad de la actividades económicas privada y estatal en el conjunto que constituye la actividad económica de la nación en su totalidad.

Mike L. Palomino comienza su valoración del problema con un criterio que resulta central en el pensamiento neoliberal que hoy domina en tantos sitios del mundo: "el gobierno en los negocios es como un elefante en una cristalería".

Palomino le llama gobierno a lo que es la actividad económica estatal y le otorga toda su confianza a la eficiencia de la actividad económica en manos privadas, que es lo que proclama el ejemplo en la diferente eficiencia entre trabajadores estatales y privados, que él verificó por la conducta de los mismos frente a su casa, en Ybor City.  Obviamente, Palomino se está refiriendo al vecindario de la ciudad floridana de Tampa, que los cubanos conocemos desde los tiempos de José Martí.

Esa absoluta desconfianza en la eficiencia económica del estado, es propia del pensamiento neoliberal que domina en los Estados Unidos. Se trata de una desconfianza poco seria porque, ante la crisis económica desatada por el aventurerismo de la banca privada, fue el estado norteamericano, a través de la persona del neoliberalísimo George W. Bush, quien acudió con los millones de dólares de los contribuyentes a rescatar a la banca y a sus dueños.

El estado tiene un papel en la economía, como lo tiene la actividad económica privada. Cuando el estado asume actividades que no le corresponden, vuelve paquidérmicas e ineficientes esas actividades; cuando el gran capital se adueña del estado, trastorna la actividad democrática. Eso lo vio José Martí ya en los Estados Unidos de fines del siglo XIX, cuando advirtió cómo la república democrática se había convertido en una república “de clases”.

Simplemente, el costo de las campañas electorales y el permitir el patrocinio del capital millonario a los políticos, se ha tragado la democracia norteamericana: los políticos responden a quienes costean sus carísimas campañas electorales, no a sus votantes.

La Revolución Cubana dio un paso en falso económicamente cuando en 1968 –no en 1967, como escribe Palomino– estatalizó toda la actividad económica privada que quedaba en Cuba: empresas pequeñas y medianas y trabajadores por cuenta propia. Hasta el granizadero y el fritero fueron vistos como peligrosos capitalistas. Eso desequilibró la cotidianidad económica del país y creó un ámbito comercial que no ha demostrado ser más eficiente ni más honesto que el privado.

No hace mucho, publiqué aquí en Segunda Cita un comentario que se titulaba “El capitalismo perfecto”, aludiendo a administradores y gerentes de nuestro comercio minorista estatal. Uno se acerca a una panadería, que dice que trabaja 24 horas: ello supone tres turnos de trabajadores, pero solamente hay pan durante dos horas por la mañana y dos por la tarde. Uno puede acudir allí y encontrar a los trabajadores conversando o hablando por teléfono, pero muchos de esos comercios venden aceite o harina que le quitan al pan que producen. La ganancia del establecimiento es neta, pero para el que lo maneja directamente. El estado –el supuesto dueño– debe pagar el mantenimiento del local y sus equipos, la luz, el agua, el teléfono y la materia prima. Como escribí en aquel artículo, el administrador de ese establecimiento ha llegado al capitalismo perfecto, ese que no tiene gastos sino solo beneficios. Pregúntele a ese administrador si quiere ser el dueño de la panadería: quedará claro que no le conviene.

¿Cuál es la solución?: El estado fue capaz de reconocer su error al restablecer el trabajo por cuenta propia, que ahora volvió para quedarse. En meses atrás hemos asistido a la profesionalización de los deportistas, porque no hay deporte de alto rendimiento sin la plena dedicación del atleta a su actividad. Hemos reconocido –nada menos que en la palabra de Fidel Castro– que nuestro viejo modelo económico había caducado. A lo que hacemos le hemos llamado actualización, pero es también un cambio.

Estamos aceptando y deseando la inversión extranjera, –que es capitalista– y en algún momento deberemos incorporar también la inversión cubana. Nuestro sistema, pues, no será el ortodoxamente socialista que teníamos sino un sistema socialista mixto. Lo dirigirá nuestro partido, y tenemos derecho a llamarle socialista: El importante ideólogo y filósofo portugués Buenaventura de Souza Santos ha dicho que una sociedad socialista no es aquella donde todas sus instituciones son socialistas sino aquella donde todas colaboran al establecimiento de ese sistema: ese es el papel que debe desempeñar el partido comunista cubano.

Acabo aquí, pero no he terminado: queda un tercer artículo.  

domingo, 24 de mayo de 2015

Por qué busqué trovadores en los 70s*

Guitarra perdida, 1973 (foto: Ramón Grandal)

En los diciembres de 1971 y 1972 se celebraron encuentros de jóvenes trovadores en la ciudad oriental de Manzanillo. Aquellas reuniones se produjeron porque entre finales de los 60 y principios de los 70 la actividad trovadoresca se incrementó notablemente en Cuba. Aquello se veía como continuidad de una antigua tradición de la música cubana y a la vez como una expresión emergente. Por alguna razón existe la costumbre de poner nombres a ciertas manifestaciones, a corrientes, a tendencias que después se sostienen más o menos. Ocurre que varios artistas se proyectan en una época con un aliento parecido y alguien le llama movimiento y lo bautiza. Algo así pasó con nosotros, trovadores de más o menos la misma edad, cuando en febrero de 1968 dejamos una seña en un concierto que organizó el Centro de la Canción Protesta de la Casa de las Américas. Pero los cantores de aquel recital existíamos desde antes; por eso pudimos reunirnos allí aquella noche.

Algunos han dicho que el programa televisivo Mientras Tanto influyó en el auge de la trova juvenil de por entonces; pero antes de yo aparecer en la televisión, en junio de 1967, algunos jóvenes autores con guitarras solían reunirse informalmente en los alrededores del club nocturno El Gato Tuerto. Las canciones de aquellos muchachos coincidían en su influencia armónica del filin, en su gusto por la bossa nova brasileña y por la música de Michel Legrand, que a mediados de los 60 caló en los músicos cubanos gracias al filme de Jacques Demy Los Paraguas de Cherburgo. Algunos de aquellos jóvenes empezaban a desenvolverse como profesionales en el mundo nocturno, como Pablo Milanés, Martín Rojas, Eduardo Ramos y Rey Montesinos.

Mientras al amparo de la noche habanera pasaba aquello, Noel Nicola, hijo de Isaac, proverbial maestro de la guitarra, no estudiaba con su padre pero armaba un combo; Vicente Feliú arañaba la lira de su viejo, a la vez que se preparaba como profesor de Física en el Instituto Pedagógico; Belinda Romeu era una niña de su casa, acaso conocida por los amigos de su padre, el genial Mario Romeu. Por lo que a mi respecta, mis padres no se dedicaban a la música y tampoco podía saborear las noches habaneras, ya que mis últimos tres años habían transcurrido en los rigores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, donde a duras penas había empezado a tocar la guitarra y a hacer canciones, fuera de todo contacto con mis semejantes.

No niego que Mientras Tanto dejara su impronta, como desencadenador de cierta conciencia colectiva. Supongo que cuando apareció un trovador joven en la televisión, los que venían haciendo lo mismo en la oscuridad pudieron haber pensado: “Qué suerte ha tenido ese tipo”. Recuerdo que por conocerme del programa, Martín y Eduardo se me identificaron cuando me crucé con ellos en una callecita de Kawama; razón misma que llevó a Omara Portuondo a presentarme a Pablo, unos días más tarde. Fueron mínimos eventos que propiciaron que empezáramos a vernos con asiduidad y a intercambiar lo que sabíamos, a fomentar aquel “espíritu de grupo” que se haría evidente en el recital del 18 de febrero de 1968, en Casa de las Américas.

Por estos antecedentes es por lo que siempre he declarado que la nueva trova (con minúsculas) era unos añitos más vieja que el Movimiento de la Nueva Trova, bautizado en la ciudad de Manzanillo, a fines de 1972. 

La idea del MNT fue alentada por la Unión de Jóvenes Comunistas, quizá también como una forma de supervisar la proliferación de trovadores, muchos sin militancia; pero no hay duda de que su creación fue un triunfo de los que habíamos empezado cuestionados por la burocracia cultural. Es cierto que todavía debían pasar un par de años antes de que los pioneros pudiéramos hacer un disco en los Estudios Egrem. Y también que, esporádicamente, siguieron apareciendo regañinas en la prensa y continuaron marginaciones de diversa índole. Pero a partir del MNT la obra de los nuevos autores empezó a tener un apoyo más amplio y por ello una incidencia más masiva. La Nueva Trova, como organización, hizo festivales anuales en diversas zonas del país, los que compartíamos con expresiones culturales fundamentales como la trova tradicional, el filin, la rumba, el son y sus intérpretes. La trova de nuestra generación había nacido muy vinculada a sus contemporáneos de la literatura y otras artes. Por eso aquellos encuentros también estaban llenos de escritores, pintores, cineastas, actores, bailarines y músicos de todas las variantes.

A veces éramos bastante incendiarios. Yo había empezado cantando “…hay  que quemar el cielo, si es preciso...”. Y, casualmente, uno de los lemas usados por el MNT resultó ser un radical pensamiento martiano: “Todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera”. La célebre frase de Arnold Hauser “Toda obra de arte es una provocación”, era lo natural para algunos de nosotros.

Bastiones del pasado confundieron nuestros encendidos llamados al compromiso con la pretensión de que toda la cultura debía ser a nuestra imagen y semejanza. No sé si pensaron que éramos guardias de alguna revolución cultural. Lo cierto es que nos juraron guerra a muerte y, justo cuando empezábamos a librarnos del mito de no ser revolucionarios, pretendieron vestirnos de otras culpas. Pero ninguno de ellos alzó nunca la voz contra las verdaderas injusticias; pasaban quinquenios y otros chaparrones llamándole buen gusto a la estética burguesa y copiando a papel carbón lo que veían en las televisiones “de afuera”.

La superestructura del país era tremendamente contradictoria. Algunos trovadores tuvimos la suerte de que existieran revolucionarios como Haydée Santamaría y Alfredo Guevara, que dirigían organismos culturales como espacios donde voces alternativas podían demostrar su valor. Símbolos revolucionarios de tal fuerza moral cada vez quedan menos. Por eso los que les vimos actuar con valentía tenemos con ellos grandes deudas.

Cuando surgió el MNT, algunos trovadores integrábamos el Grupo de Experimentación Sonora. En mi caso, estaba visto que desde los tiempos de la campaña de alfabetización lo gregario me podía. Así que me tomé bastante en serio una de las primeras ideas de la nueva organización: rastrear trovadores por todo el país. A algunos ya les habían asignando provincias de búsqueda, y antes de que alguien mencionara Matanzas yo mismo me propuse. La primera razón fue porque siempre me había gustado aquella ciudad, madre de la rumba, con su leyenda de “la Atenas de Cuba”; la segunda, porque quedaba cerca de La Habana.

Por eso los lunes madrugaba para tomar un par de guaguas que me llevaban hasta la bahía, donde cerca de las 5 y media subía a la lanchita.  Y en Casablanca, a las 6 en punto, amaneciendo, abordaba el trencito del Hershey hasta Matanzas**. No llevaba guitarra a la provincia. Allá vivía en un albergue, dormía en una litera y pasaba los días de pueblo en pueblo, aprovechando los viajes de los miembros del comité provincial de la UJC, aunque la mayoría de las veces me movía "a dedo" por aquellas solitarias carreteras. Regresaba a La Habana los viernes, al anochecer, o temprano los sábados, a ver a mi hija de un año y a tocar un poco la guitarra. Esa fue mi vida durante los primeros cuatro o cinco meses de 1973.

El resultado de mi búsqueda quizá merezca otra entrada, otro día, pero fueron muchos y muy buenos los hacedores de canciones que hallé. Baste mencionar al grupo Nuestra América, fundado y dirigido por el tenaz Luis Llaguno. Por entonces ellos cursaban el preuniversitario y eran católicos practicantes. Los prejuicios religiosos de aquellos años se confabulaban para escondérmelos, hasta que al fin di con ellos en un acto de su escuela.  Después no paré hasta verlos inscritos en el MNT. 

Nuestra América obtuvo el primer lugar en el Movimiento Nacional de Aficionados durante 11 años consecutivos. En aquel tiempo ganaron otros galardones, incluso fueron los intérpretes de una obra ganadora del Concurso Adolfo Guzmán de la Televisión Cubana. La mayor parte de su trabajo musical lo hicieron sin abandonar sus estudios, y todos fueron graduados universitarios. Aún se les puede escuchar lo mismo en Cárdenas que en Varadero, sus ciudades natales, donde algunos aún viven.

------------------------------------------------------------------------

A propósito de una pregunta de Claudia

** El tren del Hershey lleva ese nombre porque pasaba por el batey del antiguo Central azucarero, que era propiedad norteamericana antes de 1959. Esta fábrica de azúcar, después del triunfo de la Revolución, fue bautizada con el nombre de Camilo Cienfuegos, y se encuentra en la actual provincia de Mayabeque, muy cerca de Santa Cruz del Norte. Casualmente, en los campos que abastecían de cañas a este Central, actualmente inactivo, yo había trabajado durante la zafra de 1967. Por entonces trabajar en una zafra era requisito indispensable para obtener la baja del servicio militar activo. Pero esa es otra historia, aún más antigua.